El Papa León XIV ha publicado una nueva carta apostólica titulada In unitate fidei («En la unidad de la fe»), en la que llama a los cristianos a renovar el «diálogo» y la «unidad».
Publicado el domingo con motivo del 1700 aniversario del Concilio de Nicea, el documento contiene la habitual ensalada de palabras sobre los «fundamentos compartidos» de la fe cristiana. El próximo viernes, León XIV y el controvertido patriarca ortodoxo Bartolomé visitarán Nicea, cerca de la actual Iznik, en Turquía.
Credo in pluralitatem Ecclesiarum
En la nueva carta, León XIV escribe que la unidad de los cristianos no consiste en «volver» al pasado, sino en «un ecumenismo que mira al futuro, que busca la reconciliación a través del diálogo».
Incluso habla -en contra de la fe en la Iglesia UNA fundada por Cristo- de un «statu quo actual de la diversidad de Iglesias y comunidades eclesiales».
León XIV continúa: «Por tanto, debemos dejar atrás las controversias teológicas que han perdido su razón de ser para desarrollar un entendimiento común y, aún más, una oración común al Espíritu Santo, para que nos reúna a todos en una sola fe y un solo amor.»
La silenciosa desaparición del Filioque
La Carta Apostólica presenta el Credo Niceno-Constantinopolitano tal como lo rezan los ortodoxos cismáticos, omitiendo el Filioque: «Creo en el Espíritu Santo, el Señor, el dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, que ha hablado por los profetas.»
La manipuladora nota a pie de página 10 dice que «la afirmación ‘y procede del Padre y del Hijo (Filioque)’ no se encuentra en el texto de Constantinopla; fue insertada en el Credo latino por el papa Benedicto VIII en 1014 y es un tema de diálogo ortodoxo-católico».
Historia necesaria omitida por la nota a pie de página
Tres sínodos de Toledo (400, 447, 589) aprobaron el Credo que afirma que el Espíritu Santo «procede del Padre y del Hijo». Se ordenó que se cantara en la liturgia, convirtiéndose en norma en el rito mozárabe. De ahí se extendió a la liturgia galicana. En 809, Carlomagno convocó un sínodo en Aquisgrán, Alemania, donde los teólogos -especialmente Teodulfo de Orleans- defendieron el Filioque como parte integrante de la fe cristiana.
Roma tenía la misma doctrina pero no rezaba en absoluto el Credo durante la misa. En 1014, el emperador Enrique II acudió a Roma para ser coronado y se sorprendió de que allí no se cantara el Credo en misa. Por ello, el Papa Benedicto VIII introdujo el Credo Niceno con el Filioque en la liturgia romana.
La teología detrás del Filioque
Pero lo cierto es que, a pesar de lo expuesto en el documento papal, el Filioque sigue siendo la expresión necesaria y adecuada de la relación interna de la Santísima Trinidad: el Hijo recibe toda la esencia divina del Padre, incluida la espiración eterna del Espíritu Santo por parte del Padre
Cristo lo indicó en Juan 16, al afirmar que el Espíritu «tomará de lo Mío».
Lo que acaban de hacer los uniatas greco-latinos
Desde el 1 de septiembre de 2025, la Iglesia greco-católica de Hungría omite el «Filioque» del Credo durante la Divina Liturgia.
Esta decisión de abandonar un principio católico para apaciguar a los ortodoxos cismáticos fue anunciada en Hd.gorogkatolikus.hu.
La versión actual, ya modificada, ahora solo afirma que el «Espíritu Santo […] procede del Padre», lo que puede malinterpretarse fácilmente.
Perio según la tradición occidental, el Espíritu Santo procede «del Padre y del Hijo».
Es más, los padres orientales decían, lo que también se formula legítimamente, que procede «del Padre a través del Hijo».
Sin embargo, el Espíritu Santo no procede únicamente del Padre.
CIUDAD DEL VATICANO.
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