* Debemos aprender a resistir cualquier fascinación excesiva por los fenómenos extraordinarios.
En el congreso organizado por el Dicasterio para las Causas de los Santos sobre misticismo y fenómenos místicos, León XIV alentó una mayor apreciación de la vida interior, subrayando que el discernimiento eclesial sigue siendo esencial para evitar confusiones entre la auténtica experiencia espiritual y las ilusiones engañosas.
León XIV dio la bienvenida a los participantes en el Aula Pablo VI y alabó la belleza de la experiencia mística, que se fundamenta en una íntima unión de amor con Dios.
No obstante, recalcó que los fenómenos extraordinarios, ya sean visiones, oscuridad, aflicciones o éxtasis, no constituyen la esencia de la santidad. Pueden acompañar el camino espiritual, pero son secundarios.
La verdadera santidad se mide por la constante conformidad con la voluntad de Dios . Esta afirmación exige cierto equilibrio, puesto que el Papa nos recuerda que una causa de canonización no debe ser exaltada ni descalificada únicamente por estos fenómenos excepcionales.
Las palabras del Papa encuentran aquí un sutil eco en ciertas tendencias contemporáneas que corren el riesgo de confundir manifestaciones extraordinarias con auténticos frutos de la vida espiritual.
León XIV advierte contra una visión espectacular de la santidad que podría desviar la atención de las virtudes cristianas fundamentales.
Desde esta perspectiva, el Papa nos recuerda que la Iglesia, a través del Magisterio, la teología y la tradición espiritual, ha desarrollado criterios para discernir la autenticidad de tales fenómenos. Indica que se debe proceder con prudencia para «no caer en ilusiones supersticiosas; tales acontecimientos deben considerarse con prudencia, mediante un discernimiento humilde según la doctrina de la Iglesia».
Este pasaje constituye uno de los puntos importantes del discurso, ya que reconoce la posibilidad de un misticismo auténtico al tiempo que advierte claramente del riesgo de autoengaño o fascinación por lo insólito.
Para ilustrar el equilibrio necesario, León XIV cita a Santa Teresa de Ávila, quien afirma:
Es evidente que la perfección suprema no consiste en consuelos interiores, ni en éxtasis sublimes, ni en visiones, ni en el espíritu de profecía. Consiste en conformar la propia voluntad a la de Dios, de modo que, en cuanto comprendemos que algo es su voluntad, nos aferramos a ella con toda nuestra voluntad; en recibir, finalmente, con igual alegría lo dulce y lo amargo en cuanto sabemos que tal es la beneplácito de Su Majestad».
Esta cita, en su contexto, evoca la pedagogía realista de Teresa de Ávila. Ella conocía los fenómenos místicos, pero constantemente demostró que nunca deben buscarse por sí mismos.
Su experiencia demuestra que la madurez espiritual se mide por la docilidad de la voluntad, no por la intensidad de las experiencias extraordinarias. En la tradición carmelita, el misticismo no es un espectáculo, sino una purificación progresiva del alma que se entrega a Dios incluso en medio de las dificultades.
El Papa trazó entonces un paralelismo entre esta pedagogía y la de San Juan de la Cruz, para quien las virtudes constituyen el fundamento de una entrega apasionada a Dios.
Recordó que la vida espiritual conduce progresivamente a una sola voluntad entre Dios y el alma, en un consentimiento libre y pleno.
Esta afirmación se fundamenta en una teología de la transformación interior que rechaza cualquier fascinación excesiva por los fenómenos extraordinarios, pues estos son solo posibles signos y no la sustancia de la vida mística. León XIV concluyó recordando a todos que el discernimiento auténtico se basa, sobre todo, en una reputación de santidad y en el examen de la virtud perfecta, que expresan la comunión eclesial y la unión con Dios.
Animó a quienes participan en las Causas de Canonización a continuar su misión con sabiduría y fidelidad a la tradición espiritual de la Iglesia.
En conclusión, el Santo Padre invita a todos los fieles a tener presente que, si bien la Iglesia reconoce la belleza del misticismo, también enseña que, sin comunión eclesial, siempre se deben «considerar tales acontecimientos con prudencia, mediante un discernimiento humilde conforme a la doctrina de la Iglesia».
Por CAMILLE LESCARD.
CIUDAD DEL VATICANO.
JUEVES 13 DE NOVIEMBRE DE 2025.
TCH.

