Actitud emprendedora

Adriana Franco Sampayo

Comenzar algo siempre nos llena de entusiasmo.. un nuevo trabajo, un nuevo proyecto, una nueva relación trae consigo esperanzas y expectativas. En realidad poner la primera piedra de un edificio es relativamente sencillo. Pero poner la última piedra no es tan fácil. El poner la última piedra es un valor que nos enseña la importancia de terminar lo que emprendemos y no dejarlo a medias. No podemos permitir que el desánimo o tristeza nos inmovilicen.

Los grandes proyectos requieren de un trabajo constante. Las grandes obras se componen de pequeños esfuerzos que se realizan todos los días. Pero también es importante sentarse a meditar en qué queremos lograr y hacia donde esperamos ir.

Es por ello que una actitud emprendedora es aquella que nos anima a tomar la iniciativa, a implementar acciones creativas por nuestra propia cuenta y a no sucumbir ante las aparentemente limitadas oportunidades. La persona emprendedora confía en sí misma, tiene un pensamiento flexible, positivo  y es capaz de ejecutar las soluciones que se propone. La actitud emprendedora supone un nutritivo alimento para la confianza en uno mismo.

Quien arriesga, tropieza, cae, se levanta y aprende cuenta con una poderosa ventaja respecto a quienes ni siquiera se atrevieron a dar el primer paso. Emprender implica que en algunas ocasiones no se lograrán los resultados que se esperan. Esto no debe de verse como una tragedia, sino como una oportunidad de aprender y cambiar de rumbo, sin desanimarse. Así, ya sea a la hora de establecer relaciones o dedicarse en el mundo laboral, no dudará en ir a por aquello que desea; el conformismo y la resignación no tendrán cabida en su mundo.

Si no tenemos la constancia y la lucha diaria de construir las cosas grandes con pequeños detalles, con pequeños esfuerzos, nos quedaremos colocando las primeras piedras, pero no acabaremos nuestras obras. Quien busca, quien trabaja, quien se atreve, quien se arriesga pondrá la última piedra, pues es la culminación que nos brinda paz, alegría y una conciencia serena.

Comparte:
Madre de familia, emprendedora y docente universitaria. Su vida profesional y personal se caracteriza por el contacto cercano con las personas y la convicción de que cada individuo posee una dignidad única y una vocación trascendente. Su vocación está centrada en acompañar y formar, tanto en el ámbito académico como en la vida cotidiana, impulsando siempre el valor de la educación y del esfuerzo constante como bases para el crecimiento integral. Fiel a sus principios, sostiene que la familia es el pilar fundamental de la sociedad, lo que la ha llevado a comprometerse activamente en la promoción de la participación ciudadana, así como en la defensa de la vida, de la familia y de las libertades fundamentales. Su trayectoria está marcada por la certeza de que cada acción, por pequeña que parezca, puede dejar huella y contribuir a la construcción de un mundo más humano, justo y solidario.