Sólo JESUCRISTO da lugar a la verdadera religión. Esta afirmación espanta a muchos hoy en día, sin embargo aceptarán con fruición el dogma relativista: cada uno puede adherirse a cualquier religión, porque todas son verdaderas al dirigirse a DIOS. La cuestión capital es, ¿quién nos une o “religa” a DIOS?. En este caso los términos van marcando una orientación o línea de conocimiento. Religión deriva del término latino religare, que significa “unir más estrechamente”. La religión tiene como objetivo la unión con DIOS, y en JESUCRISTO hemos descubierto, que el puente entre nosotros y DIOS es ÉL. A lo largo de todo el Nuevo Testamento queda afirmado el testimonio inapelable de la singularidad de JESÚS de Nazaret como HIJO único del PADRE. JESÚS es el único CAMINO, y dice: “nadie va al PADRE, si no es por MI” (Cf. Jn 14,6). Para conocer a DIOS hay que mirar a JESÚS, escuchar su Palabra y seguir sus pasos. La Gloria de DIOS descansa en JESÚS de forma única, y lo va manifestando mediante sus predicaciones y milagros, prodigios y señales. JESÚS es la LUZ de DIOS que habita en este mundo (Cf. Jn 1,5-9;8,12). En el Santo de los Santos del Templo de Jerusalén, para el creyente judío, residía la Shekina o Gloria de DIOS -Luz Divina-, evocando la nube que acompañaba a Israel por el desierto cuando era de día, haciéndolo de igual forma por la noche en columna de fuego (Cf. Ex 13,17-22). Desaparecido el Arca de la Alianza, que estaba en el Santo de los Santos, en el primer templo construido por Salomón, el vacío dejado fue reemplazado por la Shekina, o Gloria de DIOS, en el segundo Templo que se levantaba majestuoso en Jerusalén. Sabemos que JESÚS no dejó de poner en entredicho la confianza de los judíos en la grandiosidad del Templo muy mejorado por Herodes el Grande. El evangelio de san Juan es muy explícito cuando les dice: “destruid este Templo y YO en tres días lo levantaré” (Cf. Jn 2,19). Los discípulos dieron el contenido cierto a las palabras de JESÚS cuando resucitó de entre los muertos. Mediante su presencia, predicación y señales mesiánicas, JESÚS estaba dando pruebas de que la Gloria de DIOS -Shekina- ya no estaba en el Templo, sino en su misma persona. JESÚS es mucho más que un nuevo Moisés, pues la Gloria de DIOS no rige independiente, sino que habita en el mismo JESÚS guiando al Pueblo por el camino que conduce hacia el Reino de DIOS. Seguimos este domingo leyendo y proclamando algunos versículos del capítulo diecisiete de san Lucas. El eje de este texto es la Fe, que encuentra su contenido verdadero en JESÚS. La Fe de los discípulos de JESÚS tiene que contemplar los contenidos que se relacionan con la Segunda Venida del SEÑOR. JESÚS en este capítulo se dirige a los discípulos, pero en un momento dado lo hace a los fariseos, lo que no quiere decir que la doctrina impartida no sea de capital importancia también para los propios discípulos, en los que estamos incluidos los de cualquier tiempo o época.
- Los fariseos preguntan sobre el Reino de DIOS
- Naamán el sirio
- Entrevista con el rey
- Eliseo interviene
- Obediencia de Naamán
- Naamán vuelve agradecido
- Conversión de Naamán
- No pasa desapercibido
- Diez hombres leprosos
- Tuvieron que gritar
- El Templo
- Discernimiento
- Adoración
- Lamento de JESÚS
- De nuevo la Fe
- Hacer memoria del SEÑOR
- Persecución
- Intercesión y expiación
- La gran promesa
- Reinaremos con ÉL
- La gran desgracia
- DIOS es fiel
Los fariseos preguntan sobre el Reino de DIOS
El evangelio de este domingo recoge el episodio de la curación de los diez leprosos, que es incluido entre dos enseñanzas de JESÚS, la primera dirigida a los discípulos y la segunda responde a la pregunta de los fariseos sobre la venida del Reino de DIOS. Este capítulo diecisiete de san Lucas, que incide sobre el fundamento de la Fe, aporta la vertiente creyente de los discípulos, de los fariseos, la del representante de los samaritanos, y la Fe de los nueve leprosos que pusieron por encima el cumplimiento de la Ley a la respuesta de la Gracia. Para la Fe en JESUCRISTO resulta inevitable asomarnos a la revelación en la Segunda Venida, por lo que los versículos desde el veinte hasta el final del capítulo son una fuente de primer orden para el discernimiento o el análisis. Una cuestión previa se plantea cuando nos preguntamos sobre el contenido que daban los fariseos al Reino de DIOS, ¿coincidían JESÚS y los fariseos a la hora de tratar sobre el Reino de DIOS? Por supuesto que aquellos fariseos esperaban un Reino de DIOS distinto del que JESÚS estaba predicando, pero JESÚS no entra en esa controversia, sino que va directamente a lo que realmente importa. Los versículos del veinte hasta el final del capítulo encierran los puntos clave a tener en cuenta sobre la Segunda Venida del SEÑOR, que JESÚS identifica como la venida del Reino de DIOS. Lo anterior es la primera precisión a tener en cuenta, que a los fariseos les pasa del todo por alto; porque, sencillamente, el Reino de DIOS está presente en el propio JESUCRISTO. Una primera afirmación del SEÑOR: “el Reino de DIOS viene sin dejarse sentir” (v.20). En lo oculto de la oración pública y privada, o en cada sacramento debidamente recibido, el Reinado de DIOS está en marcha. En cada acción impulsada por la Caridad en favor de los hombres se hace presente el Reino; y es reconocido por sus frutos. Esta presencia del Reino está actuando desde el minuto uno en el que JESÚS puso sus pies en Israel para llevar a cabo su acción redentora. Cuando esta acción se hace del todo irreversible es a partir de la Cruz y la Resurrección. Complementando lo anterior, añade JESÚS: “el Reino de DIOS ya está entre vosotros, por tanto que nadie os engañe diciendo, vedlo aquí o allá” (v.21). Algunas traducciones dicen: “el Reino de DIOS está dentro de vosotros”, pero las dos versiones se complementan. Por la inhabitación de la TRINIDAD en el corazón del bautizado podemos afirmar lo segundo, y por el conjunto de circunstancias que derivan del abajamiento del VERBO, decimos lo primero: “el VERBO se hizo carne y habitó entre nosotros” (Cf. Jn 1,14); o “puso su tienda entre nosotros” y por eso el Reino está entre nosotros. Es inútil el esfuerzo humano por eliminar a JESUCRISTO de la historia de los hombres, pero se produce un serio daño temporal. JESÚS anuncia en que vendrán días en que los discípulos desearemos ver alguna manifestación en Poder del Hijo del hombre, y nos dice que no hagamos caso a los que proponen, “vedlo aquí o allí” (v.23). Esa efervescencia apocalíptica se produce en los cambios de época como el presente, en los que parece que llegan al extremo los destinos y males de la sociedad. El SEÑOR se manifestará a su modo: “como relámpago fulgurante, que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día” (v.24). La sexta aparición de la santísima VIRGEN en Fátima, en octubre, de mil novecientos diecisiete, con el milagro del sol presenciado por unas setenta mil personas, pudo ser un ejemplo de una actuación extraordinaria con carácter universal para todos los hombres, en algún momento de la historia, sin que tal cosa signifique el final del mundo de momento. Fátima no deja de ser una cantera de revelación privada, y en cierta medida un campo de pruebas. JESÚS ahora da un paso atrás antes de llegar a la manifestación o manifestaciones generales, y marca uno de los centros de la elipse: “antes al Hijo del hombre le toca padecer mucho y ser reprobado por esta generación” (v.25). Gravísimas palabras de advertencia las que son dadas en este momento, pero sucedieron cuando JESÚS fue rechazado y crucificado. En virtud de la Resurrección todo el poder del infierno no impedirá la Segunda Venida del SEÑOR sin relación al pecado y con carácter universal (Cf. Hb 9,28). La cotidianeidad de la vida no será interrumpida, pues la manifestación del SEÑOR será repentina. Sabrán de su proximidad aquellos que vivan preparados por la acción de la Gracia o de las tres Virtudes Teologales. En tiempos como los presentes de profunda crisis e incertidumbre, la pregunta con relación a la Fe surge: ¿dónde está la acción de DIOS en todos los cambios que se están produciendo? ¿en qué sentido van los acontecimientos sociales y especialmente la nave de la Iglesia? ¿todo lo que está aconteciendo está bajo la protección de la Divina Providencia?. Son tiempos recios en los que habremos de agudizar el discernimiento y avivar el corazón para recibir al SEÑOR.
Naamán el sirio
El episodio de Naamán el sirio ocupa la primera lectura de este domingo, en el que seguimos abundando en la virtud teologal de la Fe. Naamán no alcanza todavía el contenido de la Fe cristiana, pero es mencionado por el propio JESÚS en la sinagoga de su pueblo, Nazaret, recién comenzado su ministerio público: “muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero a ninguno de ellos fue enviado, más que a Naamán el sirio” (Cf. Lc 4,27). Eliseo ofrece algunos rasgos que anticipan a JESÚS el CRISTO. El segundo libro de los Reyes recoge numerosos signos realizados por el profeta Eliseo en número mayor que el propio Elías, del que Eliseo fue discípulo. Uno de esos signos fue la curación de Naamán afectado de lepra u otra enfermedad de la piel, que la identificaban con esa dolencia incurable en aquella época y altamente contagiosa. La lepra era una sentencia de muerte que se iba ejecutando lentamente de modo visible. Naamán hace caso de una muchacha judía tomada como prisionera y convertida en sirvienta, que comenta a la mujer de Naamán la existencia de un profeta en Israel, que podía llevar a término la curación del general sirio.
Entrevista con el rey
Naamán consulta con el rey las noticias de la criada judía, y el rey de Asiria apoya la visita al profeta de Israel, y pone a disposición de su general, diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez vestidos nuevos, con una carta para el rey de Israel, que puede coincidir con el reinado de Joram (Cf. 2Re 5,4-5). Nos encontramos de nuevo ante el efecto producido por los signos proféticos auténticos. Es verdad que la salud del general se encuentra afectada de una enfermedad mortal precedida de un periodo de exclusión social, pues los leprosos tenían que permanecer aislados del resto de los familiares y vecinos. El rey de Asiria da muestras de un especial aprecio por aquel militar y lo provisiona de unos presentes de gran valor para entregar al hombre de DIOS. El rey de Asiria pensaba que Eliseo era como cualquiera de los curanderos y adivinos de su reino, que se movían por dinero. La cantidad en oro y plata con que provee a Naamán es una gran fortuna. Además el rey de Asiria escribirá al rey de Israel una carta personal, que tiene dos funciones principales: el general que acude a su reino va amigable y pacíficamente, y quiere expresarle de forma implícita la existencia de hombres grandes en su reino capaces de realizar obras extraordinarias. El rey de Israel cuando recibe la carta de manos de Naamán no lo entiende de esa forma y se rasga las vestiduras sintiéndose amenazado (Cf. 2Re 5,7). El rey de Israel no estaba a la altura de las circunstancias. El rey de Israel daba muestras de no reconocer a los verdaderos profetas que eran súbditos suyos. Como en otras ocasiones, los extranjeros daban mayor aprecio por lo que constituía el verdadero patrimonio espiritual de Israel.
Eliseo interviene
Eliseo manda a decirle al rey: “¿no sabes que en Israel hay un profeta que puede curar al sirio Naamán? (Cf. 2Re 5,9). El rey Joram por un gran desconocimiento de DIOS y sus profetas creía que le estaban tramando un motivo para entrar en guerra y no se sentía capaz de enfrentarse a la potencia militar de Siria. Naamán es conducido hasta la casa de Eliseo, que por medio de un criado le indica a Naamán que baje al río Jordán para bañarse siete veces. Al general no le gustó aquella solución y estuvo movido a desobedecer la indicación de Eliseo y volver a su tierra, pues según él allí había mejores ríos. Fueron los acompañantes de Naamán los que consiguieron convencerlo para cumplir lo que Eliseo había mandado. En otros lugares de la Escritura encontramos escenas similares donde la Fe sigue un proceso de purificación. Cuando parecía que se estaba a punto de resolver todo favorablemente aparece una nueva prueba. El general Naamán como militar debía mantener todo bajo control, pues las estrategias militares son disposiciones debidamente calculadas y no se pueden quedar flecos sueltos de forma deliberada. En el campo de la Fe el que tiene todos los datos es DIOS, y a los hombres nos toca aprender a confiar en ÉL. Los criados o subalternos de Naamán son los que ayudan al general a tomar la decisión correcta, y sin ellos el exitoso general hubiera perdido su viaje en busca de la curación.
Obediencia de Naamán
El general sirio se bañó las siete veces prescritas por el profeta y su carne se volvió como la de un niño (Cf. 2Re 5,14). La imperfección de la obediencia a DIOS, o la imperfección del acto de Fe nos caracteriza como herederos de la perturbación del pecado original. Recordamos una parábola poco comentada, aquella que expone JESÚS relatando el caso de un padre que tiene dos hijos, y le dice al primer: “hijo vete a trabajar a la viña; y el hijo le dice: no quiero, pero después se arrepintió y fue. Al segundo le dice lo mismo, y este resueltamente le dice al padre que si va, pero al final no fue. JESÚS entonces plantea la pregunta al auditorio: “¿cuál de estos dos hijos hizo lo que el padre quería? Y los presentes le dijeron: el primero” (Cf. Mt 21,28-31). En realidad ninguno de los dos obedeció al padre como corresponde, aunque el primero se arrepintió y fue. Los acompañantes de Naamán juegan el papel que debiera realizar la comunidad cristiana en muchos casos, pues la Fe que una persona pueda profesar se ve sometida a múltiples pruebas, que deben superarse en el ámbito de la comunidad fraterna. Nadie tiene todas las claves ni todas las respuestas. No hace falta insistir en la evocación a los siete sacramentos que ofrecen los siete baños de Naamán en el río Jordán donde tiene lugar la primera teofanía trinitaria registrada en el Evangelio.
Naamán vuelve agradecido
Viéndose curado, Naamán volvió a ver al profeta para entregarle los presentes dados por el rey de Siria. Eliseo no los acepta en absoluto, pues él no es un curandero ni un profeta de corte. Los dones que asisten a Eliseo provienen de DIOS en exclusiva y no le fueron dados como medio de vida. Decía JESÚS: “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis” (Cf. Mt 10,8). El DIOS de Israel lo había curado de su enfermedad física y debía completarse su curación espiritual convirtiéndolo al único DIOS.
Conversión de Naamán
“Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro DIOS que el de Israel. Permite a tu siervo llevar la carga de dos mulos de tierra, pues tu siervo ya no ofrecerá sacrificios a otros dioses, sino a YAHVEH” (Cf. 2Re 5,15-17). La mentalidad religiosa de Naamán es la del hombre de cualquier época, que presiente la relación de la tierra particular con los dioses que la protegen. Para Naamán, YAHVEH es el DIOS de Israel y probablemente carecía de jurisdicción en las tierras de Damasco; sí él se llevaba una cantidad de tierra de Israel YAHVEH manifestaría su Presencia en aquella tierra que le pertenecía. En un espacio de unos pocos metros cuadrados, Naamán establecería su lugar de culto a YAHVEH en agradecimiento permanente a su curación. Nuestra Fe ha crecido porque JESUCRISTO, el HIJO de DIOS, se manifestó; pero conservamos rasgos de la Fe que considera la protección de nuestras casas y lugares a los santos patronos, a los que nos encomendamos junto con los lugares de pertenencia. El hombre religioso admite que este mundo mantiene algún tipo de relación y conexión con el más allá donde viven los que han partido y se fueron a reunir con sus antepasados. Una cierta atracción ejercen las reliquias de los santos, y de forma especial cuando se ha obtenido alguna gracia relacionada con la curación física o espiritual.
No pasa desapercibido
JESÚS va camino de Jerusalén, deja la Galilea y entra en pueblos pertenecientes a Samaria. La presencia de JESÚS desde que ha iniciado la predicación del Evangelio no pasa desapercibida para nadie. Durante treinta años, JESÚS era el HIJO de DIOS, pero permaneció sin manifestarse como tal. Un número muy reducido de personas sabían quién era JESÚS de Nazaret. Sólo algunos como el anciano Simeón, Ana de Fanuel, Zacarías e Isabel, estaban al tanto de lo especial que era el NIÑO que había nacido de MARÍA. Es san Lucas, también, quien nos da razón de todo ello en los dos capítulos iniciales de su evangelio. Hasta los treinta años, JESÚS aparece entre los de su pueblo, Nazaret, como un vecino de los que formaban parte de aquel pequeño pueblo, que a su vez resultaba desconocido para la mayoría incluidos los libros sagrados en los que no aparece una sola vez en relación con el MESÍAS. Tenemos que admitir, pues datos reales en contra, que JESÚS vivió silenciosamente en Nazaret hasta los treinta años, pues san Mateo nos cuenta la estancia en Egipto hasta que muere Herodes el Grande. Esta condición de anonimato prácticamente la refleja san Pablo en el himno cristológico, de la carta a los Filipenses: “actuando como un hombre cualquiera” (Cf. Flp 2,7). Las cosas cambian diametralmente cuando JESÚS se dispone a la evangelización. Es el tiempo de la manifestación, y la luz tiene que ser puesta encima de la mesa para que alumbre a todos los de la casa” (Cf. Lc 11,33ss). Cuando inicia su vida pública, JESÚS entra en la fase de Revelación. Todo lo que ÉL hace o dice hay que leerlo e interpretarlo, porque a través de ÉL, DIOS está hablando a los hombres. Cuando leemos los evangelios, tan importante es el Mensaje directo de JESÚS como las indicaciones del evangelista, o relator, que señala lugares, grupos que siguen a JESÚS o lo observan para alabarlo o criticarlo. En otras ocasiones el relator, o evangelista, indica dones especiales de JESÚS por los que percibe las intenciones profundas de los interlocutores. El relator nos cuenta cosas sobre las multitudes que siguen a JESÚS y cómo ÉL resuelve las situaciones difíciles. JESÚS, este domingo está pasando por Samaria y deja la Galilea, encaminándose hacia Jerusalén. Por cualquiera de las rutas que elija para viajar, a esas alturas, va a ser reconocido por las gentes a lo largo del camino. En este caso, JESÚS va a ser reclamado en especial por diez leprosos, que se encontraban en las cercanías de uno de los pueblos por donde estaban pasando. Pronto la fama de JESÚS se extendió por toda la Galilea (Cf. Mc 1,28). En Jerusalén, al principio, según san Juan, JESÚS llamó la atención por la expulsión de los mercaderes del Templo, por su predicación y los milagros que realizaba (Cf. Jn 2,1ss). Teniendo en cuenta los datos que nos aporta el evangelista san Juan, esta Subida a Jerusalén relatada por san Lucas correspondería con la tercera fiesta de Pascua celebrada por JESÚS con sus discípulos. Esta Subida a Jerusalén es un modo de relatar con amplitud y detenimiento, lo que san Juan refiere como “el Paso de JESÚS de este mundo al PADRE”, sabiendo que de DIOS venía y a DIOS volvía (Cf. Jn 13,1).
Diez hombres leprosos
“Al entrar en un pueblo salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia” (v.12). La lepra en tiempos de JESÚS era una de las enfermedades más temidas por el riesgo de contagio. Las medidas de aislamiento de los leprosos eran severas y estrictas. Los leprosos tenían sus espacios propios de los que prácticamente se les impedía moverse. La lepra era una sentencia de muerte, que sólo un milagro podía evitar. En este versículo no se dice si la aldea pertenecía a la Galilea o a Samaria. Era inevitable asociar la enfermedad de la lepra con una maldición o reprobación divina. Se acercan a JESÚS diez leprosos, que a distancia prudencial levantan su voz. El número diez significa plenitud o totalidad, y podría verse en este pasaje que antecede a los signos de los últimos tiempos, el estado de la humanidad en su conjunto enferma por el pecado y necesitada de restablecimiento, sanción y redención. Los leprosos a pesar de su aislamiento también oyeron hablar de JESÚS y acuden a ÉL con la esperanza de ser atendidos. Providencialmente JESÚS con su grupo de acompañantes estaba pasando cerca de los lugares en los que veían consumirse sus vidas.
Tuvieron que gritar
“Levantando la voz, dijeron: JESÚS, MAESTRO, ten compasión de nosotros” (v.13). Ahora, de las pocas fuerzas disponibles, levantan la voz y gritan como un solo hombre reclamando el restablecimiento de su salud, al único que puede hacerlo. Es el grito por la salud y la libertad que resuena de nuevo dirigido al SEÑOR. Sodoma y Gomorra fueron destruidas porque no había diez hombres en ellas que reclamasen a DIOS su compasión en medio de toda la inmundicia de pecado existente (Cf. Gen 18,20-32). Estos leprosos representan de forma simbólica los efectos de un pecado que va consumiendo en la miseria. Levantan la voz en un grito de supervivencia y lo hacen bien: se dirigen al SEÑOR con el Nombre que salva, JESÚS. Le atribuyen uno de los rasgos reconocibles, el de MAESTRO; y apelan a lo más decisivo para la intervención de DIOS en la vida de los hombres, su Compasión o Misericordia. La Segunda Persona de la santísima TRINIDAD se acerca y abaja a la historia de los hombres para padecer con nosotros, cargar con nuestras distintas lepras y devolvernos la salud eterna principalmente. Otras figuras en los evangelios reclaman la compasión de JESÚS y nos enseñan que es la llave para abrir el su Corazón. Reclamar su compasión es igual que apelar a su Misericordia. El SEÑOR nos ama perdonándonos y cargando sobre SÍ el peso de nuestros pecados. Los diez leprosos representan a la humanidad que profundamente herida por el pecado se dirige al SEÑOR pidiendo su curación, perdón y redención. Recordamos que este fue el programa misionero expuesto por JESÚS, en la sinagoga de Nazaret, partiendo del profeta Isaías: “el ESPÍRITU del SEÑOR está sobre MÍ…” (Cf. Lc 4,18).
El Templo
“Al verlos, JESÚS, les dijo: id y presentaos a los sacerdotes. Mientras iban quedaron limpios” (v.14). La reintegración social y religiosa era juzgada por un sacerdote del Templo después de haber realizado los ritos de purificación y expiación por el pecado. El ritual era complejo: se requerían dos aves, tórtolas o pichones; un cordero, harina de trigo y aceite; y el ritual recogía el marcado con la sangre del cordero del lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha y el pulgar del pie derecho. La primera ave se sacrificaba y con su sangre se marcaba la segunda, que se ponía en libertad. El cordero se sacrificaba en expiación por el pecado personal. Las ofrendas de harina refinada y aceite se presentaban como acción de gracias. Tras el examen pertinente, el sacerdote declaraba limpio al que había padecido la lepra y se incorporaba a la vida familiar, social y religiosa. El coste monetario de todo el ritual era alto para alguien que lo había perdido todo por la enfermedad sufrida, por lo que la ofrenda podía quedar reducida a las dos aves prescritas. Los diez leprosos obedecen a JESÚS, que no busca la ruptura con las instituciones religiosas, sino su transformación, si esto fuera posible. JESÚS mantiene una relación cordial con el Templo, aunque no lo sea tanto con los que dirigen su actividad. JESÚS enseña en el Templo cuando va a Jerusalén, participa de las fiestas establecidas, y, como en este caso, no rompe con lo mandado por la Ley, si la Caridad no se antepone como sucede con las curaciones realizadas en sábado, que provocan algunas protestas en las autoridades religiosas.
Discernimiento
“Uno de ellos viéndose curado se volvió glorificando a DIOS en alta voz” (v.15). Sólo uno del grupo se dio cuenta que estaban curados por la obediencia a la Palabra de JESÚS, y no, exactamente, al hecho de haberse puesto a caminar en dirección al templo de Jerusalén. Esa moción interior, ¿fue exclusiva de uno solo o llegó al corazón de todos los del grupo? Junto con la curación física, JESÚS lleva a cabo la restauración espiritual, que en definitiva garantiza la verdadera Vida. Aquellos hombres habían pasado de ser cadáveres ambulantes a personas con toda la salud restablecida, por lo que la reacción de aquel que comienza a alabar a DIOS a grandes voces es la actitud normal, pues la alegría de un espíritu noble es incontenible. La curación se había producido por la obediencia a la Palabra de JESÚS, por tanto la fuente de la curación y el Poder de DIOS estaba en JESÚS. El hombre que dio la vuelta para encontrarse de nuevo con JESÚS y el grupo que lo acompañaba va a ser vista como la consecuencia correcta del milagro colectivo realizado. JESÚS tiene Poder para curar a diez leprosos sin imponerles las manos o pronunciar palabras misteriosas. JESÚS cura a los que quiere y cuando quiere. Aquellos diez leprosos representan a toda la humanidad marcada por el pecado, la enfermedad y la muerte; y JESÚS tiene Poder para curar a diez a un tiempo, o a diez mil, o a diez mil millones de seres humanos. La pregunta podría ser: ¿por qué no lo hace? La respuesta es fácil: ¿por qué no nos dirigimos a ÉL de forma unánime reclamando la salud?, ¿qué haremos si se llega a producir una iluminación de conciencia general, en la que cada persona se ve interiormente como DIOS la ve? Esto último es un modo de concretar el relámpago que va de oriente a occidente como manifestación tangible de la venida del Hijo del hombre haciendo justicia (v.24).
Adoración
“Postrándose rostro en tierra daba gracias a los pies de JESÚS. Este era un samaritano.” (v.16). El movimiento interior de este samaritano indica un recorrido espiritual una vez producida la curación y la liberación. Este hombre da gloria a DIOS a grandes voces -alabanza- porque no puede contener su alegría. El samaritano curado busca de nuevo a JESÚS y se postra a sus pies como signo inequívoco de adoración. También para un menospreciado samaritano en lo religioso, sólo DIOS es objeto de postración y adoración. El Poder que tiene JESÚS sólo pertenece a DIOS mismo, y el samaritano lo ha reconocido. Este hombre expresa al mismo tiempo una profunda acción de gracias, porque siente que ha vuelto a nacer después de haber padecido la lepra.
Lamento de JESÚS
“Tomó la palabra JESÚS y dijo: ¿no quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar Gloria a DIOS mas que este extranjero? (v.17-18). Surge como una premonición: los judíos no reconocen la mesianidad de JESÚS. Con más facilidad reconocen a JESÚS como el MESÍAS los que son considerados como extranjeros o paganos. Se deduce que los nueve restantes eran judíos y habían recibido la misma acción de la Gracia que aquel samaritano. La jerarquía de las cosas debe ser establecida para mantener siempre a DIOS en primer lugar. La religión del Templo no realiza prodigios, milagros o curaciones, como los que salen de las manos y palabras de JESÚS. La Ley y los Profetas y el conjunto de los escritos de la Biblia son santos, pero no llegan a la Revelación dada en JESUCRISTO. El reproche que pronuncia JESÚS viene porque aquellos curados por la Gracia de DIOS se decantaron por la Ley en primer término. El samaritano respondió, sin dudarlo, a la acción de la Gracia en cada uno de los pasos emprendidos. Los otros nueve caminaban de nuevo a vivir atados y condicionados por un régimen legal del que JESÚS los había liberado, pero prefirieron secundar la Ley con sus ritos sacrificiales, que aceptar el discipulado de JESÚS de cuya manifestación poderosa habían sido beneficiados, pero este es el resultado de la libertad que DIOS nos ha dado. El descubrimiento de JESÚS como el CRISTO y SEÑOR no tiene alternativa, lo que queda sin JESUCRISTO son falsos cristos o anticristos.
De nuevo la Fe
“Levántate y vete, tu Fe te ha salvado” (v.19). Las palabras de JESÚS adquieren relevancia en diversos planos. JESÚS declara apto al que había estado afectado de lepra para reintegrarse a la vida familiar, social y religiosa. “Levántate y vete…”, a tus ocupaciones anteriores y a la vida que te corresponde como perteneciente a la familia de los hijos de DIOS. Las palabras de JESÚS como en otros momentos están cargadas de Vida y Poder: “humíllate ante el SEÑOR y ÉL te levantará” (Cf. St 4,10). La Palabra de JESÚS está por encima de todos los sacrificios de animales realizados en el Templo. El samaritano curado, volviendo al encuentro con JESÚS pone de relieve la Luz, que había de ser manifestada como dice san Pablo, en la carta a los Efesios: “despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos y CRISTO será tu Luz” (Cf. Ef 5,14). La vida del leproso samaritano tuvo esa fase de pesadilla, en la que pudiera sentirse morando entre los que sólo les queda margen para el dolor y el sufrimiento. JESÚS confirma al samaritano rehabilitado en la Fe: “tu Fe te ha salvado”. La Fe de aquel recién curado apunta a la Vida Eterna, pues ha visto de cerca al SALVADOR. JESÚS llegó al corazón del samaritano y lo transformó, y ese cambio interior fue mucho más importante que la misma curación de la lepra.
San Pablo, segunda carta a Timoteo 2,8-13
La doctrina y los consejos personales se van entrelazando a lo largo de esta segunda carta dirigida al discípulo que san Pablo ha tomado como hijo espiritual. Timoteo recibió la Fe de su abuela Loida, y su madre, Eunice; que prepararon el camino para recibir el carisma del episcopado por la imposición de manos de san Pablo. Esta Gracia debe mantenerla y custodiarla (Cf. 2Tm 2,1). San Pablo en estos escritos muestra una preocupación especial por la trasmisión de la sana doctrina, pues al mismo tiempo que es dada tiene que estar ajustada a la verdad: “lo que me has oído en presencia de testigos, confíalo a otros fieles, que sean capaces a su vez de instruir a otros” (v.2). La evangelización es una batalla espiritual que se libra diariamente: “soporta las fatigas conmigo, como un buen soldado de CRISTO JESÚS” (v.3). El evangelizador debe tener dedicación exclusiva, pues “nadie que entra en la milicia se dedica a los negocios del mundo” (v.4).
Hacer memoria del SEÑOR
“Acuérdate de JESUCRISTO resucitado de entre los muertos, descendiente de David, según mi Evangelio” (v.8). Hemos de poner todo el énfasis en el término “memoria”, pues no se trata de un recuerdo superficial y pasajero, sino de la meditación o recorrido continuo que el recuerdo de JESUCRISTO ha de tener en el corazón del creyente y de forma especial en el corazón del ministro de la Palabra, pues “de la abundancia del corazón habla la lengua” (Cf. Mt 7,12,33). El cristiano tiene que aplicar lo que prescribe el Shemá a la Fe en JESUCRISTO, porque “DIOS que ha hablado antiguamente por boca de los profetas, llegada la plenitud de los tiempos nos ha hablado por JESUCRISTO” (Cf. Hb 1,1-2). En otra parte JESÚS nos dice: “quien no pospone a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío” (Cf. Lc 14,23-33). La predicación de Timoteo, como la de san Pablo, tiene que desbordar la persona de JESÚS para impregnar a todos aquellos que le son confiados. La doctrina es necesaria, pero no puede faltar la convicción de la Presencia del RESUCITADO en medio de la comunidad.
Persecución
“Por él estoy sufriendo hasta llevar cadenas como un malhechor, pero la Palabra de DIOS no está encadenada” (v.9). San Pablo cuenta en la segunda carta a los de Corinto (Cf. 2Cor 11,23-27) las palizas recibidas por el Evangelio, los peligros en sus viajes, peligros de naufragios y de bandoleros. No faltaron tampoco las persecuciones por los judíos que en otro tiempo habían sido sus compañeros. En Listra fue apedreado hasta darlo por muerto, pero lo recogieron los hermanos y nada más se supo de las consecuencias de aquella lapidación, pues bastan pocas pedradas bien dadas en la cabeza para terminar con la vida de una persona. En este caso no es aventurado pensar en un verdadero milagro el haber sobrevivido a un suceso de este tipo. San Pablo sabía bien lo que era arriesgar la vida por la predicación del Evangelio. Pero “la Palabra de DIOS no está encadenada”, pese a la prisión que en esos momentos está sufriendo probablemente en Roma. Timoteo y otros evangelizadores siguen en la vanguardia de la predicación, y con la asistencia del ESPÍRITU SANTO la Palabra no deja de producir sus frutos de conversión.
Intercesión y expiación
“Todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la Salvación que está en CRISTO JESÚS con la Gloria Eterna” (v.10). El encarcelamiento, en el momento en el que el Apóstol escribe esta carta, lo ofrece por el crecimiento espiritual de los hermanos que han entrado en contacto con él en alguna ocasión. A todos ellos san Pablo les ha transmitido gracias de conversión de parte del SEÑOR y quiere que perseveren hasta el final de su vida en el camino de Fe emprendido. La oración de intercesión por los hermanos es una fuerza espiritual activa, de la que el propio JESÚS ofrece alguna muestra (Cf. Jn 17). Pero todavía la oración recibe un impulso mayor cuando se carga con las penalidades de los demás. Nuestra Salvación equivale a participar de la misma Gloria Eterna en la que mora CRISTO en comunión con el PADRE y el ESPÍRITU SANTO, algo inimaginable para nosotros en el estado de vida presente, por lo que se nos hace imprescindible la Fe, la Esperanza y la Caridad, que nos dan la certeza de las realidades que no se ven pero se esperan. Todo en el Evangelio tiene como finalidad o punto omega, la Bienaventuranza Eterna.
La gran promesa
“Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con ÉL, también viviremos con ÉL” (v.11). JESÚS muere cargado con nuestras muertes particulares. Lo que a nosotros nos causa muerte es el pecado, y JESÚS lo hace suyo pagando por toda nuestra culpa imposible de saldar para nosotros. La entrega mística de esta muerte personal se realizó en el Sacramento del Bautismo, y a partir de ese momento la Gracia ha podido discurrir por nuestras vidas. A partir del Sacramento del Bautismo también empezamos a vivir con CRISTO, porque ÉL va tomando nuestra vida con sus luces y sombras. Nuestra vida se convierte en un largo proceso de transformación en el que vamos cambiando nuestras vestiduras o hábitos, por las virtudes o hábitos propios del mismo JESÚS que por Gracia nos va transformando, no sin cierto dolor y sufrimiento.
Reinaremos con ÉL
“Si sufrimos con ÉL, reinaremos con ÉL” (v.12). La última de las bienaventuranzas cierra el conjunto de las mismas haciendo mención de persecuciones y tribulaciones por causa del orden evangélico: “bienaventurados los perseguidos a causa de la Justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados vosotros cuando os persigan, insulten y calumnien de cualquier modo por mi causa, estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Cf. Mt 5,10-12). Puede ser que la justicia de este mundo persiga la Justicia que viene de DIOS y predica el Evangelio. Los mártires cristianos, en este momento, se cuentan por centenares en cortos periodos de tiempo. Pero en algunas zonas donde las persecuciones arrecian las conversiones también se multiplican de forma sorprendente, como ha ocurrido a lo largo de los siglos. Un despertar religioso se está produciendo en medio de graves contradicciones por parte de otros. El libro de los Hechos de los Apóstoles ya advertía: “hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de los Cielos” (Cf. Hch 14,22). San Pablo elogia la Fe que es probada en el crisol del sufrimiento: “la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza; y la Esperanza no falla, porque el Amor de DIOS ha sido derramado en nuestros corazones por el ESPÍRITU SANTO que nos ha sido dado” (Cf. Rm 5,4-5). Las citas se pueden multiplicar, recogiendo desde distintas perspectivas la vertiente del dolor y el sufrimiento, que introducido en la vida de los hombres por el pecado es utilizado por la Divina Providencia para devolvernos a la Gracia en el Nombre de JESÚS, que transitó por el mismo sendero y terminó en la Cruz para resucitar al Tercer Día.
La gran desgracia
“Si lo negamos, también ÉL nos negará” (v.12 b). Lo que dice JESÚS hay que tomarlo muy en serio: “sin MÍ no podéis hacer nada” (Cf. Jn 15,5). Muchos atribuyen la afirmación referido sólo al nivel espiritual descartando las distintas influencias para los campos de la acción social. Occidente se está suicidando con cierta celeridad en los últimos tiempos por dejar de lado los fundamentos cristianos de la vida política, social, familiar, y relegar la conducta particular a una moral de situación ajena a cualquier referencia evangélica. Todavía una cita más: “quien me niegue delante de los hombres, también YO lo negaré delante de mi PADRE del Cielo” (Cf. Mt 10,33). La grave imperfección en el conocimiento de JESÚS, o el desconocimiento total actuarán de atenuantes en estas sentencias que exigen de suyo una opción fundamental. La revelación plena y perfecta de DIOS nos llega a través de JESUCRISTO. DIOS no tiene una forma mejor de revelarse a SÍ mismo, si no es mediante su HIJO. La PALABRA que DIOS nos puede dirigir está manifestada en el HIJO. La negación de lo anterior nos cierra todas las puertas.
DIOS es fiel
“Si somos infieles, ÉL permanece fiel, porque no puede negarse a SÍ mismo” (v.13). La Gracia de DIOS no elimina la fragilidad moral y espiritual del hombre, que va logrando cotas de perfección si pone en movimiento una sincera determinación, que no deja de ser una acción de la Gracia. El pecado original no polarizó del todo al hombre hacia el mal, y DIOS está dispuesto a redimir al hombre partiendo de la parcela de bien más insignificante que pueda encontrar en su alma: “la caña cascada no la quebrará y el pábilo vacilante no lo apagará” (Cf. Is 42,3). La Divina Misericordia perdona al hombre todas las veces que éste se arrepiente y pide perdón, y así nos lo afirma el Nuevo Testamento desde sus inicios hasta el final. Tantas veces como el hombre caiga y se levante encontrará a DIOS que es AMOR (Cf. 1Jn 4,7-9).


