Auméntanos la fe

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el XXVII Domingo del Tiempo Ordinario.

El Evangelio que escuchamos nos recuerda una de las peticiones que le hacen sus discípulos a Jesús: “Auméntanos la fe”. Recordemos que lo han dejado todo para seguirlo, en ese seguimiento sienten que les falta algo; un día le piden: “Enséñanos a orar”, ahora le solicitan: “Auméntanos la fe”. Siempre decimos que la fe es un don de Dios y la da a quienes se abren a su amor; pero ¿qué significa tener fe? El Cardenal John Henry Newman decía que, tener fe es “adherirse de mente y voluntad a la persona de Jesús”; no basta decir que creemos en ciertos principios o doctrinas, implica que vivamos de acuerdo al Evangelio anunciado por Jesús.

Los Apóstoles, sin duda, lo han dejado todo para seguirlo y es porque creen en Él, pero sienten que aquella fe que tienen no les alcanza para comprender el proyecto de Jesús y menos para seguirlo con una adhesión plena. Esa petición de los Apóstoles “auméntanos la fe”, surge tras escuchar las palabras de Jesús sobre evitar ser ocasión de escándalo y perdonar siempre. Sabían que esas enseñanzas no eran fáciles de practicar; eran conscientes de su incapacidad para dar su adhesión plena a Jesús y a su mensaje. Jesús centra su atención, no en la cantidad de fe que una persona pueda tener, sino en la calidad de la fe si tuvieran fe como una semilla de mostaza…, les dice. Nos debe quedar claro, que la fe no es para andar moviendo de un lado a otro árboles o montañas; la fe implica adhesión, confianza.

Veamos sobre la palabra Fe:

Proviene del latín “fides”, que significa ‘lealtad’, ‘fidelidad’, tener confianza plena en algo o en alguien. Además de aumentar la fe, el ser humano necesita decidir en quién cree, así, se habla:

  1. De fe humana, es cuando hacemos referencia a un ser humano al que creemos. La fe humana nace de la confianza, de la apertura al otro. Es importante analizar cómo andamos en la fe humana, ya que, si no confiamos en los hombres que vemos, será muy difícil confiar en Dios a quien no vemos. La fe o confianza humana se han ido perdiendo en nuestra sociedad. Nos hemos convertido en personas desconfiadas y lo mostramos en esas seguridades externas de puertas bajo cerrojos, de alambres con electricidad, de guardianes en las entradas de los caseríos, etc.
  2. De fe divina. Ésta es esencialmente acogida a Dios y respuesta de la persona humana al Dios personal, y la transmisión de esa fe se verifica mediante el testimonio del creyente. Quiere decir que no basta decir que creemos en Dios, se necesita esa adhesión y esa confianza, esto se muestra en el vivir diario. Con la fe albergamos el misterio divino que nos habita; esa fe une la fragilidad del ser humano a la fuerza de Dios; por eso, qué bueno que entendamos que la fe verdadera es acoger a Dios en nuestra vida, abrirle las puertas para que haga posible su entrada amorosa en medio de nuestra fragilidad. Él ha de ser el fundamento de nuestra fe, si es así, podremos irradiarla realmente a nuestro alrededor, en los que amamos, en lo que hacemos y en lo que tenemos. Si creemos en Él, podremos servir y entregarnos completamente sin esperar nada a cambio porque sabremos que Él es nuestra razón de vivir, creer y confiar.

Hermanos, seamos conscientes de nuestra poca fe, de nuestra incapacidad para adherirnos plenamente a Jesús y a su mensaje. En este mundo marcado por la tecnología, donde se dice que muchas personas han abandonado la Iglesia o viven sin fe, me sigo sorprendiendo como siguen surgiendo brujos y adivinos, personas que echan cartas y leen el café; y me sorprende aún más que personas que se dicen seguidoras de Jesús, acudan a ellos para hacerles consultas y llevarse como resultado una estafa, y a veces, una influencia demoniaca.

La era posmoderna en la cual vivimos, parecía que iba a hacer a Dios a un lado; parecía que la tecnología sería la respuesta a todas las interrogantes de la persona, pero el sentido religioso sigue estando fuerte en el ser humano, se sigue creyendo en Dios, aunque se deje de acudir a la celebración de sacramentos en la Iglesia. Seguimos creyendo, lo que nos falta es encausar esa fe, en luchar para tener una fe de calidad, ya que creer en Dios, no quiere decir que Dios hará lo que yo le diga y como se lo diga. Tener fe en Dios es pedirle con confianza, adherirnos a su Palabra y aceptar su voluntad.

Recordemos que creer en Dios y aceptar su voluntad no es nada sencillo, ya que pensamos que Dios debe siempre protegernos de todo mal, pero nos olvidamos que en el creer y en la adhesión a su Palabra está implicada la cruz; ese sufrimiento que no logramos comprender desde el punto de vista humano.

Hermanos, la fe en Dios, primero, fortalece la confianza en uno mismo y, luego, ante los demás. No se trata de usar la fe para solucionar dificultades, sino para encontrar sentido a nuestra vida. Con fe en Dios nada está perdido, siempre podemos comenzar de nuevo. La fe es una fuerza motivadora que hace posible lo imposible.

Hermanos, el Evangelio nos invita para que le pidamos a Jesús que nos ayude para tener una fe de calidad; que no andemos creyendo en brujos y adivinos; que nos demos cuenta de las consecuencias que implica la fe en toda nuestra vida.

Es momento propicio para reflexionar en nuestra fe; si yo digo creo en Dios, debo analizar: ¿Cómo muestro esa fe? ¿cómo expreso mi fe en el único Dios en quien digo creer? Cuando me vienen las dificultades fuertes: ¿Qué es lo que hago? ¿cómo le pido a Dios? Recordemos hermanos que para aceptar y seguir el proyecto de Jesús, implica creerle; implica adherirnos a su mensaje y aceptar las consecuencias. ¿Estaremos dispuestos a eso? Henri de Lubac decía: “Cuando vivimos en paz, nuestra fe se aletarga, pero cuando vivimos en medio de dificultades es allí donde se aquilata nuestra fe”. En las dificultades es donde se muestra la verdadera fe.

Así pues hermanos, Jesús nos invita a vivir una fe que transforme la propia vida y la de los demás; que renueve nuestro entorno y que incluso, sea capaz de hacer posible lo que parece imposible. Preguntémonos: ¿Qué podemos hacer para que nuestra fe transforme la realidad en la que vivimos?

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

Obispo de la Diócesis de Apatzingan