
1. La ilustre filósofa judía Edith Stein (1891-1942), convertida al catolicismo y posteriormente monja carmelita con el nombre de Benedicta de la Cruz, afirma claramente que la tarea primordial de la mujer es procrear y educar a su descendencia.
2. Esto es lo que escribe en su obra La mujer. Su tarea según la naturaleza y la gracia (Roma, 1987, págs. 116-117):
La orientación hacia los fines naturales y sobrenaturales es común tanto a hombres como a mujeres, pero se observa una diferenciación de tareas (…).
La misión principal del hombre es dominar la tierra; en esto, la mujer se coloca a su lado como ayuda.
La misión principal de la mujer es procrear y educar a la descendencia; y en esta tarea, el hombre le es dado como defensa.
De ello se deduce que los mismos dones se manifiestan en ambos, pero en diferentes medidas y relaciones.
* En el hombre, los dones necesarios para la lucha, la conquista y la dominación: la fuerza muscular con la que domina externamente la materia, el intelecto con el que penetra intencionalmente el mundo, la voluntad y la energía activa con las que puede moldearlo.
* En la mujer, la capacidad de proteger, custodiar y desarrollar el ser en formación y crecimiento: de ahí el don, de naturaleza más corpórea, de saber vivir en estrecha unión con otro, de reunir con serenidad las propias fuerzas, de soportar el dolor y las privaciones, y de adaptarse; el deseo de cooperar en su desarrollo.
3.- Ciertamente, afirmar estas cosas hoy parece imposible… y sin embargo es la verdad que Dios ha inscrito en la naturaleza.

CORRADO GNERRE.

